Cáncer e hijos

Una gota de lluvia del tamaño de una lenteja bajaba a trompicones por la superficie del cristal al tiempo que hacía caprichosas trayectorias en su descenso. De repente, una gota de mayor volumen la engullía y el resultado de ambas, se precipitó a mayor velocidad hasta que se rompió en la goma que sostenía la luna al marco de la ventana del autobús. Ese accidentado momento, hizo que Lara despertara de su mente en blanco y que volviera a tener contacto con sus pensamientos. Pensamientos con un   contenido muy aversivo: Dejaba llena de tristeza a su madre enferma, sus hermanas y su Bila Tserkva natal y en 4 horas se hallaría en un avión hacia un país del que apenas había escuchado hablar.  

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