¿Cómo superar la muerte de un ser querido?
Cementerio de Fuente Palmera (Córdoba-España) Autor: Tomás Quirosa Moreno

Es todo un reto, en lo personal y en lo profesional, abordar el tema del duelo, en tanto que muestras de pena, pesar o desestructuración de nuestra existencia, pues son muchas las preguntas con difíciles respuestas cuando hablamos de la muerte de una persona y sobre el cómo nos recuperamos ante esa pérdida.

            En España durante 2019 fallecieron 417.625 personas según el INE (2020), y el exceso de mortalidad según el Instituto Carlos III a mediados de octubre de 2020 es de 57.006 muertes. Buena parte de este exceso se explicaría por las complicaciones derivadas del coronavirus, otras por los efectos colaterales debido a una respuesta sanitaria tardía y/o inadecuada a ciertas enfermedades, además de la propia dinámica demográfica de las últimas décadas en las que tras un año de bajada de decesos vuelve a haber otro ejercicio con subidas. Cabe esperar, si el ritmo de mortalidad mes a mes se mantiene como hasta ahora que el año finalice con unas 70.000-80.000 personas fallecidas, llegando por tanto, a un total de medio millón de fallecimientos para 2020.

Quienes hemos perdido alguna vez a un ser querido sabemos que puede  suponer un duro golpe y que al menos temporalmente desestructura nuestra vida, más allá del dolor y el vacío que experimentemos. El número de personas que pueden verse afectadas por cada muerte puede ir desde ninguna (casos de personas que mueren y nadie reclama su cadáver para su velatorio y despedida) hasta decenas de personas teniendo en cuenta el círculo familiar, de amistades y conocidos. Sin mencionar los ídolos o referentes sociales cuyas muertes pueden afectar a millones de personas. Pero en el duelo no sólo cuenta el número de personas allegadas también, como no, la calidad de las relaciones que había construido la persona fallecida con los que siguen en esta gran aventura que es la vida: Cuanto más estrecha y significativa sea la relación mayor será el vacío que deja el muerto entre los dolientes.

Al quedar arrebatadas parte de nuestras ilusiones, de nuestros sueños, de nuestros deseos, de nuestro espacio vital y de nuestros valores comunes a los de la otra persona que se ha marchado, quedamos seriamente heridos/as. Esta herida al igual que la que podamos hacernos en nuestro cuerpo si no la limpiamos, la  dejamos supurar, y permitimos que poco a poco vaya cicatrizando, puede infectarse y dejar en muy mal estado a nuestro ser. Por tanto, la recuperación por la pérdida resultará en una  cicatriz, que  nos recordará por quién padecemos y a veces, naturalmente, nos picará y molestará. Es decir, sentiremos pena o nostalgia hasta el final de nuestro días. Esa cicatrización se plasma en la aceptación de la irreversibilidad y de lo irremediable de la dicha inexistencia. A algunas personas les costará más que a otras que les  cicatrice esa herida.

Factores que van a favorecer o dificultar el duelo:

1– El grado de aceptación de la muerte va a venir influenciado por la cultura de cada sociedad, el momento histórico que nos toque vivir,  las creencias religiosas o también por cómo entiende cada persona su existencia y propósito en este mundo. Existen numerosos ejemplos de cómo distintas culturas se relacionan de manera diferente con el fenómeno de la muerte. Véase como los chocoanos en la actual Colombia celebraban con una fiesta la despedida a sus muertos, y dichos rituales les facilitaba la continuidad con la vida tanto a la comunidad como a los individuos. Pero este pueblo al entrar en contacto con la cultura occidental comenzó a mostrar problemas en la elaboración del duelo. Paradójicamente, por un lado nos encontramos con el hecho de que la evolución como especie nos ha permitido ejercer un gran control, gracias a nuestro conocimiento y tecnología sobre el entorno físico y sobre la enfermedad, consiguiendo en los países desarrollados la posibilidad de esquivar por más años la muerte, doblando en tan sólo un siglo la esperanza de vida al nacer. Pero por otro lado, esa conquista de años para vivir nos ha llevado a convertir a la muerte de un tabú del que mejor no hablar. Este tabú explícito muchas veces e implícito las mayoría de las veces, junto con nuestras expectativas psicológicas al percibirnos más invulnerables nos hecho como sociedad y como individuos mucho menos tolerantes hacia la muerte si nos comparamos a cómo podrían experimentarla en la prehistoria, de cuando datan los primeros rituales funerarios.

2-En la facilitación de la elaboración del duelo también va a influir la causa de la muerte: no va a producir las mismas complicaciones una muerte tras una larga enfermedad en una familia que ha tenido la oportunidad de ayudar, de cuidar y acompañar hasta el final al difunto, que la muerte producida por un homicidio o una muerte súbita.

3-¿El/la doliente cuenta con recursos personales que le valieron para hacer frente a pérdidas y traumas anteriores? Nos va a dar muchas pistas saber si alguien necesitara de nuestra ayudad si es una persona que ya viene arrastrando duelos complicados, si sabe resolver problemas con los demás, muestra una mayor aceptación de sentimientos, recuerdos y pensamientos molestos.

4-¿Cuenta con apoyo social adecuado? Como se suele decir, las dificultades compartidas son menos difíciles de llevar. Cuanto más apoyo social, familiar y de amistades tengamos mejor será el pronóstico del duelo.

5-¿Se encuentra con dificultades previas al momento de la muerte? No va a ser lo mismo que un ser querido se muera mientras tenemos problemas económicos, de salud o de pareja que si el fallecimiento ocurre en una etapa en la que las cosas nos van bien.

¿Cómo ayudar a alguien que ha perdido recientemente un ser querido?

La muerte repentina de un ser querido es uno de los eventos vitales más estresantes a los que una persona se puede enfrentar. Quien vive la pena intensa, la tristeza, desolación y el vacío que deja el ser amado, al igual que no subiría en un coche con alguien que no sabe conducir, tampoco debería recorrer su camino de recuperación al lado de alguien que no entiende sus sentimientos ni le anima a expresarlos, por extraños o contradictorios que parezcan, o no le presta un apoyo efectivo. Para facilitar la recuperación se hace recomendable la búsqueda de acompañamiento en el dolor y ayuda en los especialistas del duelo.

La primera ayuda implícita a la necesidad del deudo de expresar su aflicción en palabras y que podéis ofrecer es prestar los oídos. Unos oídos que escuchen sin “peros”, que no salgan huyendo por la crudeza del testimonio, que practiquen una escucha sin juicios, gestos de sorpresa o incredulidad hacia las distintas reacciones que muestra la persona afligida. Así serán naturales las reacciones como el dolor, la tristeza, la rabia, la impotencia, la culpabilidad por no haber podido evitar la tragedia, la frustración, la soledad, la ansiedad, la desesperanza, la desilusión y abatimiento.  

En los primeros días o semanas tras la muerte la mejor ayuda que podemos ofrecer sería:

1-Acompañar a esa persona sin decirle en ningún momento cómo tiene que sentirse. No juzgaremos lo que diga o lo que haga. No diremos frases que nunca, repito nunca sirven de consuelo. Por ejemplo: “Dios lo ha querido así y por eso lo ha llamado a su lado”, “ya estaba mayor”,  “no somos nadie”, “tienes que ser fuerte”, “no llores mujer, que estás haciendo un escándalo”, etc. Será de más utilidad decir: “Yo no voy a aliviar tu dolor ni ahora ni dentro de unos meses pero te voy a acompañar si tu quieres”

Tampoco les restaremos importancia a otras pérdidas como pudiera ser la muerte de una mascota. Hay que recordar que hay personas que tienen vínculos afectivos más estrechos e intensos con animales que con los de su especie, por tanto, no va a ayudar en absoluto decirle “Venga hombre si sólo era un perro” o “Lo que tienes que hacer es buscar otro animal que te tenga entretenido”

2-A veces el dolor es tan intenso que haga a la persona incapaz de pedir ayuda, por tanto será importante estar vigilantes. Podemos asistirle en actividades cotidianas como hacer la compra o llevarle comida pero que sea ella quien va solicitando la ayuda y quien tenga el papel protagonista de esas actividades para poco a poco ir retirando nuestra ayuda. Si vemos que alguien ha dejado de lado todas sus responsabilidades para consigo mismo sí tendremos que tener un papel más activo incluso pedir ayuda profesional.

3-Ayúdale a llevar a cabo gestiones, asuntos legales y burocráticos en el caso que veas que le cuesta tomar decisiones o manejarse con ciertos asuntos, siempre que nos lo pida o preguntarle si quiere ayuda para esto.

Ayudemos pues a aquellos que viven la pérdida, primero informándonos sobre en qué consiste la aflicción, el duelo y la escucha activa, ya sea leyendo o asesorándonos por especialistas. Después animemos a que exprese sus sentimientos respetando las diferencias individuales de cada cual a la hora de vivir el sufrimiento. Por último, demos tiempo para que el pariente poco a poco vaya aceptando la pérdida y que al fin se comprometa con su recuperación.

Autocuidados que te ayudarán en el proceso de duelo

1- Lo primero que quiero que sepas es que tienes todo el derecho del mundo a vivir ese dolor a tu manera y a tu ritmo. Pero en el algún momento hazte a tí mismo/a una pregunta que ha ayudado a muchas personas que he atendido a superar su duelo cuando se han quedado viudas, huérfanos o perdieron a un gran amigo. La pregunta es la siguiente: ¿Cómo crees que le gustaría verte a él o ella en tu día a día?

Debajo podrás encontrar y descargarte un ejemplo de Carta de Despedida titulada ADIÓS que tal vez te pueda ayudar a iniciar el proceso de ACEPTACIÓN de la pérdida e ir superando el duelo.

Me gustaría que estuvieras aquí pero partiste antes de tiempo.

2- No compitas para ver quién siente más la pérdida. No existe un “dolorómetro” que mida a quién le duele más la ausencia de ese ser querido. En no pocas ocasiones podemos encontrar a una viuda que siente cierto enfado hacia sus hijos porque estos no se “muestran” tan dolidos como ella por la muerte del padre. Hay que recordar que cada persona lleva el duelo como mejor sabe, puede y siente, así que plantéate la utilidad de competir para ver quién lo pasa peor ¿te sirve de algo? ¿te va a devolver a tu ser querido?

3- Cuida tu jardín. Organiza tu día a día de la manera más parecida a tu situación previa al fallecimiento o previa a la larga enfermedad a cómo era tu vida  previa a la detección de la enfermedad, pruebas diagnósticas, tratamientos, hospitalización, cuidados paliativos y hasta el final desenlace.  No sólo has de cuidar tu trabajo o salud, sino también la pareja. Por ejemplo, se ha llegado a relacionar un 75% de divorcios cuando la pareja había perdido un hijo. También te puede ayudar ver el vídeo de La Brújula.

4-Intenta estar en la fiesta. Evita la Pérdida de contacto con el Momento Presente. Tal vez te ayude esta metáfora conocida como el Titi o el invitado molesto. Y si el dolor, la pena y el vacío fueran tu el Titi Supón te dispones a celebrar la fiesta de tu vida y eres la anfitrión/a. Sólo hay una única norma en la localidad para poder celebrar fiestas, y es que se ha de poner un cartel en la entrada que diga: “Bienvenidos Todos”. Accedes aunque no está muy convencida. Cualquiera puede entrar, ya que está el cartel: “Bienvenidos Todos”. Antes de que puedas disfrutar de tu fiesta, observas a un invitado grosero, sucio, maloliente y maleducado. Inmediatamente, vas hacia él para echarle, pero no puedes hacerlo (recuerda el cartel e inmediatamente volvería a entrar). No encuentras otra opción que ir detrás del invitado grosero para conseguir que no moleste a otros invitados.

¿Qué hacer para que no moleste? Se te ocurre que puedes encerrarlo en una habitación, pero entonces tienes que estar pendiente de que no salga. Finalmente, no te queda más opción que estar llevándole a la puerta de salida y quedarte allí vigilante y empujando la puerta para que no moleste más. Si te despistas, rápidamente se mezcla con los invitados y tienes que volver a estar detrás de él para que no incordie. La cuestión es que si quieres que el invitado no moleste, tienes que ser su guardián, y a pesar de ello, se te escapará frecuentemente. Lo puedes hacer, eres libre de hacerlo, pero tiene un coste muy alto. ¿Estás siendo el/la anfitrión/a realmente de tu su fiesta o te la estás perdiendo?

5-Intenta llevar una vida basada en el Amor frente una vida basada en el Alivio. Tienes la posibilidad de elegir en cada momento y cada día el hacerte responsable de tu vida. He aquí la importancia de recordar la diferencia entre malestar limpio y malestar sucio, que ya hablé en el episodio sexto.

6-Para volver a tu normalidad intenta dedicar y restringir a determinados a  momentos del día una oración conscientemente a tu ser querido. Tal vez delante de una foto que hayas puesto en tu casa o tal vez recordando momentos que vivisteis juntos.

7-No dudes en hablar del tema con gente en la que confíes o con profesionales si ves que te cuesta seguir adelante.

Cuéntame ¿qué te ayudó a superar la muerte de tu marido, esposa, hijo, hermano o amigo?