Planeta azul

 

Este menú, al igual que el resto de los de esta página, pretende ser una plataforma para ofrecer conocimiento y debate, que será dinamizado por el blog.

En este caso con Planeta Azul pretendo mostrar las aportaciones de la psicología para garantizar las sostenibilidad del planeta, cambiar nuestra relación con los animales y la naturaleza. La inclusión de este menú en esta página me gustaría justificarla con mi interés por el medioambiente, la naturaleza y los animales, que tendría su germen en tres momentos claves de mi niñez y adolescencia. A saber:

El primer momento o hito es el amor que desarrollé por la montaña en particular, y la naturaleza en general gracias a las caminatas y excursiones que hacía con mi padre y nuestros perros por el Parque Natural de Sierra Nevada (cerca de mi pueblo natal La Zubia, Granada). En estos paseos pude descubrir la existencia de animales maravillosos; conejos, cabras monteses, zorzales, luciérnagas, abubillas, perdices, palomas torcaces, mariposas, procesionarias, zorros o culebrillas. Me sentía un niño afortunado por poder disfrutar de aquel espectáculo de flora y fauna siempre que quisiera, en cualquier estación de año y hora del día; ya fuese en mañanas de lluvia en invierno o en tardes tórridas de verano. Hoy en día, sigo disfrutando de esos paseos y de esos espacios con mis tres canes.

Fauna del Parque Natural de Sierra Nevada (Granada). Foto de Tomás Quirosa.

El hombre y la Tierra

 

Otro segundo momento coincide al convertirme en un fiel seguidor de la serie de TVE El Hombre y la Tierra” de Félix Rodríguez de la Fuente. Este programa y la ventana al saber y a la diversión que supuso para mí la televisión  (fui un niño que en su infancia vio mucha tele), hicieron que perdiera la inocencia. Digo esto porque el grandioso espacio que yo consideraba al conjunto formado por el monte de La Zubia, el Trevenque, la Boca de la Pescá o el Cerro Huenes con todas sus formas de vida, quedó empequeñecido ante los paisajes y variedad de animales y plantas (recursos vivos) ofrecidas por la narración inconfundible de aquel irrepetible naturalista acompañada de imágenes y sonidos inéditos para mí. Por un lado, se nos mostraba la intimidad de una fauna viviendo en su entorno de tal manera que generaba en mí un profundo sentimiento de respeto y complicidad con el animal de turno que protagonizara cada capítulo; se desvelaban criaturas desconocidas hasta entonces a mis ojos de niño como los buitres, el águila real, las anacondas, las nutrias, los jabalíes, los cuervos o los siempre fascinantes lobos. Por otro lado, pude ser testigo de como la naturaleza seguía su curso de forma armoniosa cuando “la todopoderosa mano del hombre” no estaba presente, es más sin su presencia todo marchaba a la perfección.

Un mundo que agoniza

 

El tercer momento tiene lugar con la lectura a los 13 años del libro “Un mundo que agoniza” de Miguel Delibes que escribiera en 1975. Sus páginas también supusieron para mí una ventana al mundo, pero este caso a un panorama y una realidad nada idílica: En su línea pesimista el vallisoletano nos mostraba y alertaba del desastre al que estábamos condenando a la naturaleza y al planeta. Más de 40 años después, el mensaje de este libro está más vigente que nunca. La deforestación, los espacios degradados, la imparable polución del aire que respiramos, el envenenamiento del agua que bebemos, el aumento de la temperatura global, la contaminación de los mares y océanos, y nuestra dependencia total hacia los combustibles fósiles como fuente de energía. Es con este libro cuando empiezo a darme cuenta que la palabra “progreso económico” siempre había enmascarado eufemísticamente una realidad sobre el deterioro de los espacios y hábitats donde vivimos todos los terrícolas (humanos y animales).

El comportamiento humano como la causa principal de los problemas medioambientales

 

Tanto antes como después de que Delibes publicara esta obra, organismos y sociedades científicas de todo el mundo ponían -y ponen- el foco de atención en el comportamiento humano como la causa principal de los problemas medioambientales. Por poner un ejemplo, el calentamiento global del clima estaría causado por el uso de combustibles fósiles como energía clave para el transporte y calefacción. Pero también por los hábitos alimenticios donde los productos cárnicos y lácteos están sobrerrepresentados en la dieta y su producción, no sólo tiene unos efectos nefastos sobre el bienestar animal, sino también en las ingentes cantidades de agua necesarias y por el CO2 y metano que emiten a la atmósfera. En este sentido la Organización Mundial de la Salud sentencia que la ganadería intensiva es la principal contribuyente de emisiones de gases de efecto invernadero (ver informe de la FAO del 2006, “Livestock’s long shadow: environmental issues and options”).

Las aportaciones de la psicología a la ecología y el bienestar de las personas ante los retos climáticos

 

Como especialistas en el comportamiento humano los psicólogos estamos llamados a jugar un papel clave para alterar la trayectoria de destrucción de la naturaleza y preservarla como un tesoro único. Las líneas de actuación pueden ser:

  1. Educando y sensibilizando a la sociedad, a los tomadores de decisiones en empresas y a la clase política del incalculable valor de los recursos vivos y naturales.
  2. Fomentando una conducta pro-medioambiente y ampliando una responsabilidad ética para obtener de los hábitos tales como los alimenticios y de consumo, del uso del agua, promoviendo las tres “R” tanto en el ámbito privado como público, promoviendo un transporte sostenible, etc.
  3. Desarrollando una inteligencia ecológica en las personas para minimizar nuestro impacto en el entorno desde que nacemos hasta que morimos para conseguir así un mayor bienestar individual y comunitario.

Por último, la psicología puede ayudar interviniendo sobre:

  1. La manera de amortiguar las consecuencias psicológicas directas de eventos en crisis y traumáticos del tiempo (inundaciones, huracanes o cambios climáticos).
  2. Aumentando la resistencia y previniendo las respuestas desadaptativas al estrés y malestar producidos por los cambios del clima y de la transformación negativa del entorno (solastagia).
  3. Abordando los aspectos psicosociales derivados del calor (mayor violencia y agresividad), la sequía, las migraciones climáticas o la escasez de recursos.