Mejora calidad de vida en fibromialgia, lupus o cáncer

 

Cuando las personas padecen enfermedades crónicas tales como las cardiovasculares, las respiratorias (v.g. EPOC), las autoinmunes (v.g. lupus) diabetes o el cáncer pueden informar de numerosas experiencias adversas como ansiedad, incertidumbre, fatiga, dolor, desesperanza, indefensión, etc. Sin embargo, existe evidencia acumulada que muestra que en muchos problemas psicológicos y de salud, las limitaciones no vienen tanto de tener emociones negativas, bajas expectativas o cualesquiera contenidos psicológicos negativos, como de los intentos deliberados e inflexibles por controlar su ocurrencia. Estos intentos de control tienen efectos paradójicos y la frecuencia de esos eventos privados se incrementaría, además de conducir a una limitación en hacer la vida que uno quiere hacer. Cuando la evitación de los eventos privados (pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones) se convierte en la estrategia principal de funcionamiento personal, estaríamos ante un patrón inflexible y limitante conocido como evitación experiencial destructiva. Esto es lo que también se conoce como trastorno de evitación experiencial (TEE) (Hayes, Wilson, Gifford, Follette, y Strosahl, 1996; Luciano y Hayes, 2001). La evitación experiencial es algo muy frecuente y común en los seres humanos, pues nadie quiere sentirse mal, con angustia o acordarse de situaciones pasadas en las que por ejemplo se veía, inútil, infame o ridículo. El problema aparece cuando se convierte en un patrón conductual rígido de funcionamiento por el que la persona regula su día a día. La persona busca sentirse bien en todo momento, evitando cualquier situación o evento privado que le lleve a sentir incomodidad, nerviosismo, pena, etc., pasando a ser su prioridad por encima de cualquier otro valor en la vida. Pues bien, este tipo de regulación puede darse tanto en ausencia como en presencia de una enfermedad, aunque la pérdida de funcionalidad temporal o crónica debido a una condición médica puede favorecer la aparición de ese patrón de comportamiento destructivo. Hay un creciente número de estudios que muestran que la evitación experiencial destructiva es central en numerosos problemas psicológicos y de salud (Hayes, Luoma, Bond, Masuda, y Lillis, 2006; Hayes et al., 1996; Hayes, Strosahl, Bunting, Twohig, y Wilson, 2004; Luciano y Hayes, 2001).

El afrontamiento del diagnóstico y el proceso de una enfermedad crónica  pueden iniciar y conformar este tipo de patrón conductual rígido de regulación de los eventos privados, siendo esta regulación evitativa central en las limitaciones de funcionamiento de los pacientes y en la pérdida de calidad de vida. Ejemplos de estrategias de evitación experiencial podrían ser: un uso excesivo de analgésicos y la reducción de los niveles de actividad (a fin de controlar el dolor y todas las derivaciones asociadas), una reducción en las actividades sociales (a fin de evitar comparaciones, dar explicaciones, etc.), procurar agradar a los demás (a fin de conseguir el apoyo y aliento de los demás, evitando de esta manera lo contrario), acudir a consultas médicas y de especialistas repetidamente, pedir consejo y opinión a otros, ventilar las emociones, abuso de comida, alcohol, ansiolíticos, antidepresivos, etc. Estos comportamientos con funciones de evitación que permiten obtener algún alivio inmediato, quedarían reforzados negativamente. Sin embargo, nuestra naturaleza verbal implica que, inevitablemente, las sensaciones de malestar se harán presentes antes o después (aunque diferentes según la historia relacional de cada persona) y de nuevo, la persona vuelve a hacer algo para eliminarlas. Y, al rato, nuevamente malestar, y nuevamente se hace algo para escapar, y así sucesivamente. Este círculo de regulación perjudicial mina, cada vez más a la persona en su percepción de sí misma y en su habilidad para afrontar el malestar, a la par que amplía su insatisfacción personal, pues a largo plazo conllevan un costo muy elevado en el sentido de tener cada vez más desgana, desesperanza, incertidumbre, inseguridad y una vida cada vez mas restringida.

Cómo puedo ayudarte

En mi labor diaria como psicólogo con personas con este patrón destructivo mi objetivos son:

  • Primero, recabar información para ver cuál es su agenda de control o evitación;
  • Segundo, ayudarles a identificar cuáles son las facetas más importantes en sus vidas independientemente del malestar que tengan;
  • Tercero, animarles a actuar en cada momento de forma coherente a esa vida que desean tener como alternativa a las conductas de evitación. A saber, uso indiscriminado de analgésicos o psicofármacos, uso de las llamadas medicinas blandas con el fin de eliminar un malestar que la medicina tradicional no consigue atajar, búsqueda del beneplácito en cómo vive su vida a través de discusiones con los demás, consumo de comida reconfortante, etc.

Buen ejemplo de todo lo que planteo en torno a la mejora de la calidad de vida se recoge en mi tesis doctoral titulada “Aplicación de la terapia de aceptación y compromiso en el tratamiento de problemas psicológicos asociados al lupus eritematoso sistémico”.  

Referencias

Hayes, S.C., Wilson, K.G., Gifford, E.V., Follette, V.M., y Strosahl, K.D. (1996). Experiential Avoidance and Behavioral Disorders: A Functional Dimensional Approach to Diagnosis and Treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64, 1152-1168.

Hayes, S.C., Luoma, J.B., Bond, F., Masuda, A., y Lillis, J. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44, 1-25.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., Bunting, K., Twohig, M., y Wilson, K. (2004). What is acceptance and commitment therapy? En S. C. Hayes, y K. D. Strosahl (Eds.). A practical guide to acceptance and commitment therapy New York: Springer.

Luciano, M.C. y Hayes, S.C. (2001). Trastorno de Evitación Experiencial. Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 1, 109-157.