La importancia de la psicología en la higiene y salud bucal

 

Desde mi experiencia he podido comprobar que la psicología puede hacer importantes aportaciones a otras disciplinas con las que a priori pudiera guardar poca relación. Este es el caso de la odontología.

Mi trabajo con problemáticas bucodentales rara vez ha sido desde el contexto de la interdisciplinariedad. Este es, a mi parecer, el contexto ideal cuando hablamos de intervenir en problemas de salud. Es decir, diferentes especialistas abordan desde su área de conocimiento una problemática compartiendo información del caso concreto que les ocupa y tomando las decisiones en equipo. Por ejemplo, una vez tuvimos la oportunidad de intervenir hasta cuatro profesionales, en un caso de bruxismo. A saber, el cirujano maxilofacial, el odontólogo, el fisioterapeuta y yo como psicólogo. Hubo plena comunicación entre los cuatro especialistas con el objetivo de  reducir el desgaste de los molares y los problemas en la articulación temporomandibular de una chica que padecía bruxismo con importantes facetas de desgaste. Los resultados fueran muy satisfactorios.

A continuación, enumero las aportaciones de la psicología en general, y del Método Quirosa en particular, a las problemáticas relacionadas con la cavidad bucal así como a la labor diaria del odontólogo en su relación con el cliente-paciente:

  • Promoción de la higiene bucodental. La mera oferta de información no es suficiente para que una persona convierta un comportamiento determinado (por ejemplo, el cepillado de los dientes) en un hábito. Por tanto, habrá que incidir en ciertas variables psicológicas para que alguien no muy cuidadoso con su boca se adhiera a una adecuada higiene bucodental o al uso de prótesis.
  • Entrenamiento al dentista en el manejo de reacciones y comportamientos que van a dificultar una adecuada intervención del cliente-paciente.
  1. Miedo a la turbina.
  2. Miedo a las agujas (belenofobia).
  3. Miedo a recordar abusos sexuales previos al relacionar toda la situación de la consulta del dentista a la situación traumática que tuvo en el pasado; estar tumbada, alguien que le está tocando la cara y boca o no poder moverse.
  4. Miedo al atragantamiento por la propia saliva, instrumental, algodones, etc.
  5. Miedo a estar despierto mientras se hace la intervención.
  6. El trabajo con niños y pacientes especiales.
  • Mejora de la habilidades comunicativas del profesional de la odontología para conseguir la excelencia en la atención al cliente-paciente y optimizar la alianza terapéutica con éste.
  • Preparación psicológica para la intervención en la consulta del dentista cuando la persona se ve muy condicionada por el miedo a las intervenciones odontológicas.
  • Tratamiento psicológico de un problema que afecta a la boca. Encontraríamos tres claros ejemplos donde la intervención psicológica ha obtenido buenos resultados en aquellos casos donde la odontología per sé se había mostrado ineficaz. Estos ejemplos son:
  1. El bruxismo.
  2. El síndrome de la boca seca.
  3. El síndrome de la boca ardiente.