Alan Turing

Tal vez te parezca obvio que diga esto pero por si acaso me gustaría recordártelo: No necesitas el permiso de nadie para desarrollar tu vocación, tus propósitos personales y tus sueños.

Seguro que has escuchado infinidad de veces decir “pon lo pies en la tierra”, “estudia tal carrera”,  “intenta entrar en aquella empresa”, “oposita” o “eso que quieres hacer está muy bien como una afición pero de eso no se come” o “¿vas a dejar tu trabajo fijo con los tiempos que corren?”.  Desde nuestra más tierna infancia hay personas que con la mejor de sus intenciones, equivocadamente nos desalientan a ser disruptivos o creativos con lo que se supone que hemos de hacer a cierta edad. Además, la enseñanza en la escuela busca transmitir un currículo normalizado y homogéneo a personas que tenemos distintos ritmos de aprendizaje e intereses. 

Son legión las personas que abandonaron unos estudios que no le llenaban o un trabajo en el que en un inicio pensaban que les apasionaría o que simplemente les permitía pagar sus facturas y recibos. Tras meses o años realizando ciertas tareas poco enriquecedoras o encontrándose en una cultura de empresa sin rumbo y/o ética, sin una misión con los que alinear los propios valores, llegaban a quemarse por sentirse como zombis que llevaban una existencia vacía y gris.  Estas personas que llegan a darse cuenta de que se han equivocado de organización y/o trabajo optan ante dos estrategias  La primera es la estrategia del escalador, es decir al igual que éste no abandona un agarre hasta que no se siente sujeto a otro,  el nuevo emprendedor o explorador no abandona su trabajo o fuente de ingresos sin tener otro trabajo o fuente de ingresos asegurados. La segunda estrategia es la del saltador de trampolín que salta a una piscina sin saber cuánta agua tiene sin calcular las consecuencias. Parece haber consenso en que la primera estrategia puede ser  más recomendable pero también cabe plantearse ¿qué puede llevar a alguien a liarse la manta a la cabeza? ¿tan temerario es? o por el contrario sabe bien lo que se hace. No seré yo quien abogue por una u otra vía pues iría en contra del espíritu de esta entrada. Es decir, nadie tenemos la bola mágica que nos permita vislumbrar las consecuencias futuras de nuestras decisiones presentes. Lo que sí está claro es que ambas estrategias tienen sus pros y sus contras y sólo cada uno de nosotros conocemos bien nuestros condicionantes internos y externos.

¿Alguna vez te has planteado dar un giro en tu vida?

Tal vez montar un santuario de animales, o aprender a diseñar y coser para sacar tu primera línea de moda, crear un grupo musical con el que viajar por todo el mundo, o abrir un restaurante donde cocinar platos deliciosos, etc.

Elegir tu propio camino puede estar “castigado” con la crítica, el escrutinio y hasta con la incomprensión y el rechazo. Por si esto fuera poco tienes en casa a un topo (Tu Loro) que va a sabotear los intentos para hacer aquello que de manera natural se te ha dado bien y has disfrutado prácticamente desde tu niñez: los idiomas, cantar, bailar, dibujar, relacionarte con los demás, ser una persona compasiva, el deporte, diseñar moda o cualquier otra cosa. En muchas ocasiones tendrás que zafarte de cierta presión social: Encontrarás que la sociedad, la familia e incluso aquellos que consideras tus amistades desaprueban tus intentos de salirte del guion establecido (por cierto, guion se escribe sin tilde). 

Personas muy “eruditas” te dirán que ese no es tu lugar. Yo lo he vivido en primera persona pero como nunca pedí permiso me dio igual su opinión. ¡No les pidas permiso para ser lo que quieres ser o estar donde quieres estar!. Alejandro Amenábar dedicó unas palabras, cuando recogía uno de los nueves premios Goya que ha obtenido, a ese profesor de universidad que le dijo que nunca se ganaría la vida haciendo cine.

En la actual crisis económica y con un horizonte con muchos nubarrones y gran incertidumbre, el empleo va a ser más que nunca el oro que buscaban los antiguos exploradores en el lejano oeste. Esto tiene dos derivadas, la primera es que las pepitas de oro van a seguir estando ahí  para quienes se lancen a la aventura y la segunda, que si quieres dicho oro has de trabajar muy duro para encontrarlo, prepararte para sentir frustración y desánimo y sacrificar infinidad de momentos. No se trata sólo en pensarlo y desearlo.

¿Qué me ayudó a mí a encontrar mi propósito?

Al igual que tu no eliges de quién te enamoras, tampoco eliges cuál será tu propósito en la vida o tu vocación. Si nos permitimos la prosopopeya podríamos decir que el PROPÓSITO TE ELIGE A TI. Es decir, has de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Si aún no has descubierto tu propósito vital y tu vocación tal vez te puedan ayudar los siguientes puntos:

1-Detente y presta atención a lo que te rodea. Para descubrir tu propósito has de explorar el territorio con curiosidad y experimentar los olores, sabores, sonidos, colores, temperaturas y texturas de lo que tienes ante ti. Si vives tu vida en modo automático no podrás conectar con lo que te rodea y perderás matices que te pueden ayudar saber que es lo verdaderamente importante para ti.

2-Descubrir cuál es tu propósito (o ikigai para los japoneses) no siempre es fácil o se revela ante nosotros de forma clara y directa. Puede llevarte años pero cuando lo descubras lo sabrás. Lo sabrás porque te sentirás despierto y lleno de vida. Yo lo supe cuando estudiaba psicología y lo supe más aún cuando comencé a trabajar como psicólogo hace ya 21 años: La naturaleza del comportamiento humano la encuentro tremendamente fascinante. Más tarde se me reveló con más nitidez, brillo y viveza otro propósito que es la gasolina de mi EXISTENCIA. Este propósito es el bienestar animal; ya hablaré de este propósito en otro post. Las dos emociones que nutren estos propósitos son la CURIOSIDAD y la COMPASIÓN respectivamente. 

3-Puede ser que te equivoques con el nuevo guion pero será el tuyo y te permitirá reescribirlo todas las veces que sean precisas hasta que vaya en consonancia con lo que te hace sentir vital.

4-Luchar por y para tus propósitos personales y profesionales supone un esfuerzo titánico y toda una responsabilidad personal. En esto no hay atajos y la mejor manera de callar bocas son los hechos, pues estos hablan con más voz que las palabras y contumaces en su mensaje.

5-Has de estudiar. Sí, yo también te digo que estudies, pero no tanto una carrera o curso determinado aunque si es lo que quieres adelante. El conocimiento te va permitir darle forma a tu propósito y te va ayudar a tener más opciones para elegir cuando se te presenten oportunidades de desarrollar tu vocación. Dedica tiempo a leer libros, blogs, revistas especializadas, artículos, etc.  Dedica tiempo a ver documentales, a ver tutoriales, o a tomar clases particulares de aquello que te interesa pero de lo que aún no eres experto, acude a exposiciones y ferias específicas, rodéate de aquellos que más saben sobre lo que más te gusta. Posteriormente, sobre esa base podrás hacer proyectos disruptivos que te den una ventaja competitiva si lo transformas en un modelo de negocio.

6-Aprende no sólo de las temáticas o de las habilidades que conforman tu propósito. Te vendrá muy bien tener una cultura financiera, así como conocimientos de posicionamiento en internet (te guste o no es el escaparate al mundo en la nueva era), cómo expresar tus ideas, aprende a vender tu producto y tu marca personal. Llevar a cabo tu propósito no tiene un horario definido ya que vivir tu propósito supone una inmersión total, prácticamente las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año.

Ser un gilipollas o un dictador nunca puede ser un propósito

Los propósitos vitales tienen que ver con los valores, y han de nutrirse de una ética para con uno mismo, para con el prójimo o para el entorno que nos rodea. Alguien puede pensar que Hitler también tuvo un propósito, pero ¿qué hay de edificante con iniciar una guerra mundial en la que murieron 50 millones de personas?, ¿con qué autoridad moral se somete a un pueblo?

Tampoco seas un o una gilipollas; de estos nuestra sociedad ya va sobrada. Aunque en cierta medida todos sabemos más o menos lo que entendemos por gilipollas, abundar en el tema excedería la intención inicial de esta entrada. Pero digamos que ser un gilipollas es aquella persona que se comporta de tal manera que pareciera que la existencia de otras personas es menos importante que la suya, diciendo y haciendo cosas sin valorar lo más mínimo las consecuencias de sus actos. Ejemplos muy cotidianos sería el de aquella persona que cuando aparca su coche lo hace de tal manera que ocupa tres plazas en lugar de una, habla a voces por teléfono en un lugar público sin considerar que molesta a los demás o aquel empresario que no tiene en cuenta lo más mínimo los intereses de sus trabajadores, el de los clientes o defrauda a hacienda jactándose de todo ello. Te recomiendo que veas el documental de John Walker titulado “Gilipollas: la teoría” basado en el libro homónimo escrito por el profesor y filósofo Aaron James.  

Recuerda NO PIDAS PERMISO, y añadiré ¡prepárate para fallar y para volver a intentarlo!